Una vida con propósito, un legado: reflexiones tras la partida de Kobe Bryant

Kobe Bryant, Action Figure, Basketball

La responsabilidad de un líder es constante, porque entre otras cosas hasta el más mínimo detalle puede servir de inspiración o influencia a no se sabe cuántas personas. Cuando admiramos una persona y esta nos sirve de inspiración, olvidamos que esas personas son tan humanos como nosotros. En nuestra mente se convierten en casi superhéroes invencibles a quienes nada malo puede ocurrir y cuya fuerza les permitirá vencer cualquier obstáculo.

El pasado mes de enero, a punto de salir para celebrar el cumpleaños 81 de mi padre… llegó la noticia. Kobe Bryant había muerto y junto a él una de sus hijas y otras tantas personas. Noticias como esta nos detienen el pensamiento de forma inmediata y de repente comienzan a aflorar las expresiones de negación. Al fin y al cabo, es un superhéroe a quien nada malo puede ocurrirle. Exclamamos con incredulidad… ¡Imposible! ¡Es una broma de mal gusto! ¡Jamás! ¿Cómo va a ser eso cierto! ¡Posiblemente es su helicóptero, pero él no estaba allí!

Comienzas a buscar en las redes y te das cuenta de que es cierto. Llegaron las primeras lágrimas, aunque no soy de las que se sienta a ver los partidos en el televisor. Sin embargo, pensaba en lo que significaba para el deporte, para sus fanáticos y familiares.

En Puerto Rico habíamos sufrido en el 1970 la pérdida del equipo Nacional Femenino de Voleibol en un accidente aéreo. Aunque no recuerdo el evento por ser muy pequeña, recuerdo la historia porque el amigo de mis padres murió allí dejando dos niños huérfanos. Muchísimos años más tarde, me enteré de que la madre de un amigo también perdió su vida en ese vuelo.

Sin embargo, al conocer la noticia de Kobe lo que sí vino rápidamente a mi mente fue el recuerdo del 31 de diciembre del 1972. Aquel día en que la fatalidad tocó nuevamente la puerta del deporte en Puerto Rico enterrándonos un puñal en el corazón mientras perdíamos a nuestro pelotero Roberto Clemente en un accidente de avión. En ese momento solamente pensé Dios mío… permite que aparezcan esos cuerpos. Pienso que para una familia debe ser terrible no tener un lugar para sus muertos. Pensaba en las niñas que crecerían sin su padre y en su esposa y compañera de vida durante tantos años y ahora sola.

Entré al cuarto de mis padres en donde mi papá me esperaba ansioso para mostrarme algo que había comprado. Allí con lágrimas en mis ojos le di la noticia. Se le aguaron los ojos, bajó la cabeza y solamente dijo ¿cómo puede sucederle eso a un muchacho tan humilde y bueno como ese? ¿Cómo hoy mientras estoy celebrando mi cumpleaños le ocurre una cosa así? ¡Increíble… yo celebrando que llego a esta edad y él tan joven, perdiendo la vida! ¡Esto no puede ser!

Entonces comencé a pensar en el legado de cada cual, las obras, cómo seremos recordados, etc. La vida de este hombre que han llorado millones de personas alrededor del mundo fue más allá de la cancha de baloncesto de su equipo. Formó una familia y permaneció junto a ella como el primer día. Se convirtió en padre y procuró tener tiempo de calidad junto a sus hijas. Kobe no murió en una reyerta en un club nocturno, ni regateando en un deportivo en una autopista o con una sobredosis de droga. Murió ejerciendo de padre, apoyando a su hija y siendo una inspiración para muchos niños y jóvenes. Esto engrandece aún más su figura. Ese fue su legado. Promover el deporte como vía para llevar una vida sana y apoyar a su familia como padre.

Reflexiono y pienso. ¿Cuántas personas en realidad se han preguntado cuál será su legado? ¿Están llevando una vida con propósito o simplemente sobreviven y son arrastrados por la marea? Viene a mi mente el filósofo Séneca y su mensaje a Paulino de la brevedad de la vida. “La vida se acorta, si no se aprovecha bien el tiempo…  jOh, cuán tardía acción es comenzar la vida cuando se quiere acabar! ¡Qué necio olvido de la mortalidad es diferir los santos consejos hasta los cincuenta años, comenzando a vivir en edad a que son pocos los que llegan!” Es de eso que se trata el propósito de vida y el legado también. No se puede dejar para después los sanos propósitos, buenas obras o intenciones, porque no hay certeza de que ese después llegue.

En estos días han muerto varias personas “famosas” por unas y otras cosas. Comentaba con mi esposo y luego con una amiga, la diferencia entre en sentimiento experimentado tras las noticias de cada muerte. Hay personas que al morir no provocan nada y hasta dejan cierta tranquilidad. Ya no harán daño a nadie. Sus palabras, ego y acciones no lograrán herir a nadie más. No se trata de que nos alegre su muerte, pero sencillamente no nos duele o lo que es peor… no nos provoca ningún sentimiento.

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Hay otras muertes como las de Kobe, que nos estrujan el corazón, nos duelen y finalmente nos permiten dar gracias a Dios por haber coincidido en el mismo tiempo. Son partidas que nos invitan a reflexionar sobre la vida y lo que aprendimos del otro.  Son partidas que, en medio del dolor logran arrancarnos una sonrisa porque sentimos que valió la pena conocer a esa persona, que crecimos y que el mundo es mejor. ¡Qué maravilla ser recordado así! Una vida con propósito y un legado, eso nos dejó como enseñanza Kobe Bryant a su partida.

Como siempre… Emprende hoy, lidera tu cambio, inicia tu transformación, ten éxito y vive feliz. Agradezco tu apoyo. Sígueme en FaceBook, Twitter y Pinterest como Coach Maribel Aponte.

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